Grup d'Animació a la Lectura

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martes, 19 de marzo de 2013

El buscador - Jorge Bucay


Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador… 

Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra. 
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda. 
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió. 
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada. Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. 


Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor. 
Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras: "Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días".
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía: "Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas"

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años… Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. 

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. 
-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños? 
El anciano sonrió y dijo: 
- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…: 
“Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: 
A la izquierda, qué fue lo disfrutado. 
A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo. 

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…? 
Y después,¿el embarazo y el nacimiento del primer hijo…? ¿Y la boda de los amigos? 
¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días? 
Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento. 

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido”. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Los instantes perfectos


Nuestra ganadora del Concurso de la Mascota, Cecilia Drusetta, ha terminado de leer Los Instantes Perfectos, el libro con el que fue premiada. Muy amablemente nos envía unas líneas explicándonos sus impresiones sobre esta historia de ladrones de guante blanco, diamantes, ....

Los instantes perfectos, es un libro bastante original y diferente a muchos otros libros, que es lo que me a atrapado
¿Por qué es diferente? Porque no suele pasar que una niña de 10 años quiera ser ladrona de guante blanco (son las que roban las joyas más caras) y menos la nieta de una condesa.

La protagonista casualmente se llama Cecilia como yo y la fecha del instante perfecto es el 20 de mayo, la fecha de mi cumpleaños. 
Los instantes perfectos no son momentos perfectos, bueno, en parte si que lo son. Son piedras de lujo muy valiosas y mágicas, que se convierten en diamantes cuando atrapan un instante perfecto de una persona. 
Cuando son robados, las personas se quedan amargadas y terriblemente tristes; como en este caso la Condesa de Tellington. 
Pero en este caso robar no es algo malo, Cecilia, robando el instante perfecto (el diamante) de su abuela, consiguió que su abuela recuperase su instante perfecto y dejase de ser tan gruñona. 

Moraleja: Los buenos instantes de nuestra vida son nuestras mejores joyas y nuestras riquezas. 
Recomendaría este libro a los niños/as de mi edad, es decir a los de 5o y 6o, porque los niños más pequeños no creo q lo entiendan, pues hasta a mi hay partes que me han costado entenderlas.



LOS INSTANTES PERFECTOS - Ana Alonso
Ilustrado por Raúl Allén
OXFORD - El Árbol de la Lectura

CADA DÍA


Proponemos CADA DÍA, una novela que está triunfando entre los jóvenes actualmente.

La vida de A es un tanto... curiosa: vive cada día en un cuerpo diferente. No sabe por qué le ocurre, pero lleva siendo así desde su infancia. Como consecuencia de esto, no ha pasado más de 24 horas siendo la misma persona; a veces le toca ser una modelo, a veces un estudiante de instituto; a veces una anoréxica, otras un drogadicto.

Pero A lleva el asunto bastante bien. Intenta vivir ese día sin alterar la rutina de la persona cuyo cuerpo habita, y procura sacar lo mejor de la experiencia… por lo menos hasta que despierta en el cuerpo de un tal Justin y conoce a su novia de ese día, Rhianon.
Las 24 horas en el cuerpo de Justin cambian por completo la vida de A. Efectivamente: se ha enamorado. Pero al despertar a la mañana siguiente, ya ha saltado al cuerpo de otra persona, en otra ciudad. Desafiando sus propias normas, A regresará día tras día, cuerpo tras cuerpo, al instituto de Rhianon para verla. Y ha decidido arriesgarlo todo y contarle la verdad sobre quién es. Aunque, por desgracia, eso no cambiará la cosas; A nunca podrá tener una relación con nadie… ¿o sí?
Cuando el lector comienza Cada día, sabe desde la primera página que no va a poder soltarlo hasta el final: ¿se puede amar a alguien sin importar el aspecto externo? Parece una pregunta sacada de La Bella y la Bestia, pero Levithan va un paso más allá: ¿amarías a una persona aunque un día fuese un chico, y al siguiente una chica? ¿Y si un día fuese gordo y al siguiente delgado? ¿Alto o bajo? ¿Asiático o hispano? ¿Minusválido o modelo? Con la historia de su vida y su primer amor, A quiere enseñarnos a ver más allá de las apariencias, más allá de las normas y de la cultura.
Tras acompañar a A en su rutina durante cuatro días, el lector ya está irremediablemente enganchado a la historia; los implacables cambios de cuerpo cada veinticuatro horas y las consecuencias que tienen en la vida de los personajes aportan muchísima tensión (e incluso misterio) a la trama. Claro que, también es culpa de A que la novela sea tan adictiva, y es que son su fuerte personalidad y sus ansias de supervivencia las que hacen que se le tenga cariño desde el principio.

La revista on line de literatura juvenil El Templo de las Mil Puertas ha tenido ocasión de entrevistar a David Levithan, el autor de esta original historia.

En tu nuevo libro, Cada día, A, el personaje principal, vive una vida compleja cambiando de cuerpo cada mañana. ¿Qué oportunidades viste en esta idea tan original?
Fue intelectualmente muy estimulante tener un personaje que no tiene una identidad como tal. Es decir, un ser sin sexo, sin raza, sin padres, sin amigos... todo con lo que normalmente identificamos a una persona. Me hizo tener que buscar la esencia de lo que hace que una persona sea una persona: el interior. Y a partir de eso dejé crecer al personaje y la historia.
En Cada día se tratan muchos temas que incumben a los adolescentes como la inseguridad de la apariencia, las relaciones familiares, el miedo amostrar sentimientos... ¿Experimentaste este tipo de situaciones tú mismo como adolescente o fue más bien el resultado de un ejercicio de observación?
Es, desde luego, una mezcla de ambas. Parte de lo que le pasa a A lo experimenté de adolescente (o incluso lo experimento ahora). Otras experiencias están puramente basadas en lo que he visto o en la intuición.
A despierta cada mañana en un nuevo cuerpo en un radio de varios cientos de kilómetros. ¿Has pensando en continuar la historia presentando otras situaciones en otros países?
¿He pensado en ello? Sí. ¿Lo haré? El tiempo lo dirá.

lunes, 4 de marzo de 2013

“El éxito de Greg es su falta de heroísmo”


EL PAÍS - ELISA SILIÓ - 15 DIC 2012

En 2009 cuando comunicaron al dibujante estadounidense Jeff Kinney que formaba parte de la lista de los 100 personajes más influyentes del mundo de la revista Time, los ojos se le salían de las órbitas. “¿Yo? Si ni siquiera soy influyente en mi casa”, cuenta por Skype, desde Pleinville, una ciudad de 8.000 habitantes en el Estado de Massachusetts, donde vive con su mujer y sus dos hijos. Por entonces no llegaba a los diez millones de ejemplares vendidos de sus Diarios de Greg, la historia de un mocoso de 12 años, sin tirón entre sus compañeros de clase. Tres años más tarde, y con siete libros de la serie en las librerías (en España se acaba de editar el sexto ¡Atrapados en la nieve!), las ventas se acercan a los noventa millones. Estos desternillantes diarios arrasan incluso entre los niños reticentes a la lectura con su combinación de texto y viñetas. En España van ya más de 700.000 ejemplares. Solo la trilogía de Suzanne Collins Los juegos del hambre, las Aventuras de Gerónimo Stilton y este mocoso venden más de mil libros a la semana. La brecha con el resto de títulos infantiles y juveniles es enorme.


Kinney (Maryland, 1971) está considerado como el rey del best seller infantil. “Lo mejor que puedo hacer para seguir escribiendo es llevar una vida normal y pegar el oído sobre lo que sucede a mi alrededor. Así compongo la vida de los protagonistas de mis libros. No trato de responder a grandes interrogantes”, alega, vestido con uno de sus eternos polos y sus gafas enormes que le dan un aire despistado. “Estoy muy contento de que muchos chicos lean con esta fórmula. Supongo que su éxito reside en el humor”. Su exitosa fórmula ha creado un subgénero a su alrededor. El mercado está inundado de diarios con su “fórmula”, pero él, modesto, no se da por aludido: “Really?”.
Kinney quiso ser viñetista en un periódico, pero sus dibujos, le respondieron, no eran suficientemente profesionales. En 1998 comenzó a dibujar a Greg en un cuaderno y en 2004 decidió volcar las tiras en www.funbrain.com, que ha recibido ya más de ochenta millones de visitas. La web sigue activa, lo que no afecta a sus ventas. Hasta que en 2006 un concierto de Billy Joel obró el milagro. “Fui al salón del cómic de Nueva York Comic-On y a nadie le interesaron mis viñetas. Se suponía que tenía que volverme, pero conseguí la última entrada para ver a Billy Joel y me quedé esa noche. Al día siguiente conocí a mi editor en el salón”. Se refiere a Charlie Kochman, del sello Abrams, quien desde el principio lo vio claro. Era justo lo que él hubiese querido leer de niño.
A Kinney, obviamente, el triunfo le ha mejorado notablemente el día a día —“me he mudado de casa y vengo de una gira de promoción por Estados Unidos ”—, pero lo cuenta restando importancia. “ Por suerte me dejan tranquilo. Hago la colada, saco a mi perro y soy monitor de los scouts”.
Una rutina tan tópica que parece artificial. Pero basta un vistazo a su salón para convencerse: la moqueta beis, el sillón de cuero tamaño king size, la pared salmón… El hogar estereotipo de las series americanas. “Entreno el equipo de baloncesto de mis hijos —Will de 10 y Grant de 8—. Aunque no tengo ni idea, no lo practico, solo lo veo por la tele, pero es lo que quiero hacer”, se ríe. Actividades que mantienen a Kinney con los pies en el suelo y que sirven de abono para el argumento de sus libros. “Siempre tengo a mano el móvil y si hay algo que me llama la atención —una frase, una situación, una broma…—, lo apunto para no olvidarme”. A cada libro le dedica unos nueve meses. Escribe o dibuja todas las noches y los fines de semana.
Greg, su personaje, se comporta como un gamberro. En el índice de popularidad escolar ocupa el puesto 52 de entre 53, lo que no le resta ganas de comerse el mundo. Miedica, vago, egoísta, descarado, escrupuloso y orgulloso, acaba ganando al lector. “Su éxito radica en que no se comporta como un héroe. A veces, cuando estás viendo una película, deseas que el criminal huya. Sucede algo parecido con Greg.
Greg apenas cuenta con dos amigos —tan pringados como él— a los que desprecia, y mantiene una tensa relación con sus padres —¿cómo acatar las órdenes de alguien que te pide ayuda para encender el microondas?—, por no hablar de sus disputas con sus hermanos: el macarra Rodrick, batería del grupo heavy Cerebros Retorcidos, y el mimado Manny, capaces de vender las más preciadas pertenencias de Greg aprovechando su paso por el hospital. 
El escritor es el tercero de cuatro hermanos, como su descerebrado protagonista. Un hecho que marca. Pero ¿cuánto hay de Kinney en Greg? “Es una versión exagerada de mí mismo. ¡No me reconozco, pero tiene algo de mí!”.
Kinney dibuja en blanco y negro: “Me gusta utilizar la mínima información para crear y tener el mayor impacto. Solo con esos elementos puedes ser muy expresivo”. Califica sus historias de “nostálgicas”. “Las escribí para los adultos, para aquellos que olvidan lo que significa ser un niño”.
Ahora estoy pensando en al menos diez libros. Mientras siga encantando al público seguiré”, pronostica. Acaba de promocionar sus libros en Reino Unido, visitará Italia en 2013 y promete venir a Madrid y Barcelona en 2014, el mayor anhelo de Molino, su editorial española, desde que en 2010 se despertó la fiebre de Greg.